Mafiosos y delincuentes burlan la seguridad nacional

Por Británico Quesada Ábrego

Desde los tiempos del fallecido narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, Panamá aparenta ser un sitio de refugio y confort para los mafiosos, delincuentes y fugitivos de otros países que viven aquí sin ser molestados.

De forma inexplicable y sin que los estamentos de la seguridad nacional respondan las razones, muchos de ellos viven en el istmo con sus nombres y apellidos reales o usando documentos falsos, peor aun cuando sus rostros ya han sido publicados en diarios de otros países.

Mientras la dictadura militar estaba en su apogeo, a Escobar Gaviria le expidieron una cédula panameña con el número 4-102-701, con el nombre de Pedro Pablo Cabrera Caballero, nacido el 7 de septiembre de 1953, en Chiriquí.

En la lejana Johannesburgo, Sudáfrica, el 15 de julio de 1998, la policía allanó una residencia donde detuvo a Diego Emilio Paz, quien aparentaba ser un anciano retirado y que tenía un pasaporte panameño. ¿Quién era realmente?

Días después se corroboró que se trataba del coronel retirado del ejército argentino Diego Palleros, un traficante internacional de armas con conexiones en Panamá, Ecuador, Croacia y Colombia. Era la pieza clave de la venta de armas y que llevó a las rejas al exmandatario argentino Carlos Menem.

En un día normal de 1999, la policía fronteriza de Suiza detuvo a un hombre maduro, con un pasaporte panameño de apellido “González”, quien intentaba cruzar en carro, pero se trataba de Pavlo Lazarenkoexprimer ministro de Ucrania que robó millones de dólares a los contribuyentes ucranianos.

Sumado a esos casos están los estadounidenses Eddie Rhay KhanAlan Hand y otros que estaban fugitivos en Estados Unidos, aunque vivían en Panamá usando sus verdaderas identidades.

Inclusive el narcotraficante colombiano Pablo Rayo Montaño residía en Panamá y tenía

cédula panameña.

¿Hubo una verdadera investigación, cómo obtuvieron los pasaportes, quién les entregó la cédula de identidad personal, cómo no se dieron cuenta las autoridades de su pasado criminal, sobornaron a alguien o fueron protegidos por alguien de la seguridad nacional?

Estas son preguntas de alto calibre  para la seguridad nacional, ya que no se trata de una sola administración, sino de varias.

En el caso del israelí Shay Dahan, quien escapó de la cárcel el Renacer recientemente,  tenía casos pendientes en Estados Unidos, Canadá y México.

Desde el 2010, Dahan usaba las identidades de Shai Golán y Shai Alalouf, ya era tema de noticias en los diarios Los Angeles Times (edición 25 de julio de 2010) y el mexicano Quequi (2 de diciembre de 2011), y estaba identificado con sus nombres y fotografías.

No obstante, el extranjero vivía en Panamá como un poderoso empresario, se codeaba con la sociedad panameña, tuvo una novia que fue reina de belleza y salía en la sección de sociales de algunos diarios.

La Verdad consultó con el abogado Luis Fuentes Montenegro, exasesor del Consejo de Seguridad, quien explicó que la seguridad del Estado se ve y se aplica  como satélite político de quien está de turno en el poder.

“Pero si el tema de la seguridad de Estado sigue en el camino que va, enfocado a prioridades de política partidista, tendrá fisuras para que elementos de delincuencia común y organizada las puedan penetrar”, resaltó el litigante.

Apunto que  si eso es así, probable que ocurran y sigan ocurriendo situaciones que aparentan extrañas, ilegales, arbitrarias, encubridoras o cómplices de hechos que en algún momento penalmente se deben investigar con objetividad e imparcialidad.

“Nos pone reflexionar qué tan eficientes son nuestros entes de seguridad y  si esas posibles deficiencias son o no son indicios de probables penetraciones de la delincuencia organizada en dichos entes”, acotó el abogado.

 

 

 

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